Potes, un pueblo para soñar despierto
- Diario de viajes

- 6 may 2022
- 3 Min. de lectura
¿Sabes cuando te hablan de pueblos acogedores, llenos de magia y que vayas donde vaya y mires donde mires te sorprenden? Pues esa fue la sensación que tuve cuando llegué a Potes. Porque a pesar de su tamaño, tiende un gran encanto y creo que tiene el reconocimiento merecido al ser considerado como uno de los pueblos más bonitos de España.
¿Dónde está Potes?
Potes se sitúa al Oeste de Cantabria. Si vas desde el Norte, tendrás que atravesar El Desfiladero de la Hermida, en el que te sumergirás entre montañas.
Potes es conocida como la villa de los puentes y las torres y en cuanto llegas entiendes por qué.
¿Qué voy a encontrar?
Una vez llegas al pueblo, y estando aún en la carretera principal te sorprenderá un templete o quiosco con un mirador desde el que se puede ver el pueblo y de fondo unas espectaculares vistas a la montaña.

De ahí bajamos a la parte del río, que tiene un paseo muy agradable por el que andar y disfrutar del sonido del agua correr. Sin duda es uno de los sonidos que más me gusta para relajarme ¿Te pasa lo mismo?
Además todo el paseo está acompañado de un precioso paisaje natural, puentes de piedras, antiguas viviendas y antiguos palacetes que sin duda dejan fotos increíbles como estas.
Durante el recorrido también podrás ver patos disfrutando de un buen chapuzón o como en este caso, posando para la cámara.

Una de las cosas que más me gustó de Potes es que toda la zona antigua mantiene su esencia y no permiten que franquicias de comida rápida u otro tipo de comercio reformen los edificios para adecuar sus fachadas, si no que tienen que mantener la fachada original. Esto se da gracias a que Potes está considerado, desde 1983, como Conjunto Histórico-Artístico, lo que permite mantener de manera íntegra el encanto de este pueblo.
Una vez terminas el paseo por el río, el mismo camino te hace subir por unas escaleras y te permiten descubrir pequeñas callejuelas que te hacen sentirte literalmente en otra época
Continuamos el camino avanzando por la derecha y llegamos a otro puente y como no era de esperar, las vistas desde aquí son tan impresionantes como desde abajo.
Terminamos de atravesar el río, que a pesar de no ser muy largo tardas en recorrerlo porque te quedas embelesado con el paisaje, encontramos una especie de placita con terrazas donde tomar algo y si giras hacia la izquierdas te metes en una callejuela que no deja de sorprenderte. En ella puedes encontrar pequeños bares con bebidas artesanales.

Tras pasear por esta calle nos dimos la vuelta y volvimos por la placita con terraza que comenté antes y continuamos por la parte de arriba hasta llegar al puente que está al otro lado y nos dirigimos hace la Parroquia de San Vicente para visitarla. La fecha de construcción de esta parroquia data de entre el siglo XIV-XV al XVIII y sufre a lo largo de su historia alguna ampliación para dar capacidad a la población emergente.
Por dentro la parroquia es sencilla pero con mucho encanto.
Tras salir, se acercaba la hora de la comida, por lo que pusimos rumbo de nuevo al centro del pueblo, pasando por delante de una de las típicas tiendas que puedes encontrar en este tipo de pueblos, que son super pequeñitas pero que tienen de casi de todo.

Llegado nuevamente hasta el templete de la plaza principal bajamos las escaleras para buscar un lugar donde comer y vimos multitud de restaurantes con menús del día en el que no podía faltar el cocido Lebaniego, es decir, un buen puchero de cocido con carnes de la tierra.
Nos decidimos a comer a los pies de la escalera de la Torre del Infantado y tenemos que decir que fue todo un acierto. La comida estaba buenísima.
Tras comer nos dimos otro paseo por el pueblo para bajar la comida antes de poner rumbo a nuestro siguiente destino, Santillana del Mar.
¿Qué te ha parecido el pueblo? ?Lo conoces? ¡Cuéntame tu experiencia en Potes!



































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